Aunque la mayoría de las empresas en México afirman que la cultura organizacional es una prioridad estratégica, en la práctica es muy diferente: el 63% no tiene métricas claras para medirla.
Aunque se utiliza el lenguaje de “valores, bienestar y liderazgo”, muy pocas empresas realmente saben si estas medidas tienen un impacto en la productividad, la retención de talento y la rentabilidad. La pregunta central es: ¿cómo puedes mejorar algo si no puedes medirlo?.
El costo de no medir la cultura
Pero no evaluar la cultura no es solo una cuestión de gestión: tiene costos reales para el negocio. En el informe “The State of the Global Workplace” de Gallup (2014), se calculó que la falta de compromiso laboral costó a la economía global 438 mil millones de dólares. Y este año también marcó otro mínimo en los 12 años de historia de su segundo nivel más bajo a nivel mundial, con un 21% de tasa de compromiso de los empleados.
En México, el 42% de los empleados en entornos híbridos se sienten desconectados de la misión organizacional, lo que impacta directamente tanto en la productividad como en el compromiso.
Para las pequeñas y medianas empresas, esto significa una alta rotación de personal, gerentes abrumados por su carga de trabajo y talentos poderosos que se van perdiendo. Cada renuncia, cada empleado que no está alineado con los valores, misión y visión de tu empresa y cada cliente insatisfecho es un síntoma de una cultura que no se gestiona con métricas claras.
Por qué las métricas son importantes
Si se mide la cultura, se convierte en un activo estratégico en lugar de mera retórica. Algunos ejemplos de métricas simples y de alto impacto son:
- Reducción de la rotación: cuántos empleados clave se quedan gracias a las iniciativas culturales.
- Productividad por empleado: aumentos en los resultados después de cambios culturales.
- Satisfacción del cliente interno y externo: directamente vinculada con el compromiso del equipo.
- Clima organizacional NPS: cálculo de la probabilidad de que un empleado recomiende a alguien más trabajar en la empresa.
Estas métricas permiten vincular los resultados de bienestar con las finanzas, abandonando la noción de la cultura como un costo y viéndola como una inversión.
En estos puntos mencionados destacan dos actores clave:
- Propietarios de PYMES: a menudo enfrentando una habilidad que se desarrolla en un sentido moderno en su trabajo diario varios años después de que se construyó y aplicó. En consecuencia, es muy probable que pasen por alto las trayectorias de desarrollo futuro de las personas talentosas y, además, deberían reconocer a RRHH como un socio estratégico.
- Líderes de RRHH: el 78% cree que tienen muy poca capacitación en Liderazgo Emocional, dificultad para diseñar iniciativas preventivas y sostenibles. El resultado es un círculo vicioso: líderes abrumados, equipos desmotivados y solo una cultura que se aborda verdaderamente en el punto de crisis.
Camino hacia una cultura medible
Se puede romper con esta realidad adoptando un enfoque estructurado. Algunas acciones clave que en Entrenando mi Felicidad promovemos:
- Diagnóstico cultural inicial: ¿cuáles son las verdaderas fortalezas y brechas?
- Definir de 3 a 5 KPIs alineados con tu negocio: medir rotación, compromiso, productividad, satisfacción.
- Aplicar Psicología Positiva: herramientas científicas que aumentan la resiliencia, el propósito y la cohesión.
- Monitoreo trimestral: revisión del progreso e identificación de ajustes.
Con este enfoque, la cultura comienza a hacerse real y no solo algo adjunto al balance general o algo urgente cada vez que los líderes necesitan impulsar algo.
Conclusión
Lo que no se mide no se puede mejorar. Y en un mercado tan competitivo como México, una cultura organizacional fuerte y medible se convierte en la diferencia entre el crecimiento o el estancamiento.
En Entrenando mi Felicidad, ayudamos a las empresas a traducir el bienestar en resultados.
Fuentes recomendadas: Gallup (2024). Informe sobre el estado del lugar de trabajo global. DDI (2024). Pronóstico de liderazgo global.

